Slow making : El proceso detrás de una manta a telar

El proceso de hacer una manta a telar mapuche o witral, es una larga historia que comienza con la esquila. El proceso y sus distintas etapas es lo que nos revela Elba, una de nuestras artesanas de la región de Los Lagos:

“Yo misma esquilo mis ovejas. Luego lavo la lana en una artesa con agua tibia que caliento al fuego. La seco al aire por una semana, más menos, dándola vuelta todos los días. Una vez seca, la varilleo para que le salga toda la mugre y escojo la mejor para hilar a mano. En una semana, trabajando duro, puedo hilar un kilo de lana. En una frazada entran 10 a 11 kilos, por lo que -más o menos- son 2 meses de hilado. Luego hay que torcer la lana, ponerla doble para darle firmeza y hacer las madejas. Luego hay que volver a lavarla y finalmente hacer los ovillos. De ahí, un día de urdimbre y armado de las lineas y dibujos de la frazada, para recién empezar a tejer, con ida y venida del ñireo -pieza con la cual se va apretando el tejido- durante ocho días para poder terminar la manta.”

Como ves, ese es el espíritu invisible de lo hecho a mano. Los objetos únicos son irrepetibles, porque su materia son historias y el tiempo lo que les da forma.

“Yo no tengo ovejas propias, por lo que para la época de la esquila, camino por todos mis conocidos que están alrededor de mi casa, recogiendo la lana que a veces me regalan y otras tengo que pagar. Luego llevo la lana al Rehue (el río), donde la lavo con agua corriente, que queda mucho mas limpia. De ahi el secado al viento por casi ocho días apaleándola de cuando en vez para que salgan los pastos que quedan pegados.  Todo esto del lavado y la limpieza reduce la lana a la mitad; si tenía 50 kilos de lana después de todo esto ya me van quedando 25. Luego viene el escarmenado, necesario para poder empezar con el proceso del hilado. A mí me gusta hilar con huso, aunque demora el doble, y logro sólo un kilo de lana a la semana, pero el trabajo final queda más firme. Luego hay dos veces que se debe torcer y madejar la lana para volver a lavar, así queda pareja. Si el trabajo es teñido este es el momento para hervir las raíces y hojas para dar el tono que se busca. Se sumergen las madejas y se hierve con piedra lumbre o sulfato de cobre para fijar el color. Recién ahora se empieza a urdir la frazada, siempre y cuando cuente con la ayuda de un par de vecinas, dos ovillos enormes y ahí el trabajo recién empieza. Son veinte días de tejido mismo para terminar una manta que, bien cuidada, dura para el resto de la vida."

Lo hemos dicho siempre, esto es hecho a mano, no a máquina. Slow making como lo llaman ahora, despacito como dice Fonsi 😉